miércoles, 20 de febrero de 2008

ARQUITECTURA Y RACIONALISMO

Winckelmann nunca creyó que la Naturaleza pudiera ser objeto de imitación, ni para las artes figurativas ni para la arquitectura. Sin embargo, los racionalistas, suspicaces con la autoridad de la Antigüedad, buscaron en la Historia o en la Naturaleza los orígenes del lenguaje, buscaron una gramática que legitimase sus reglas en la funcionalidad de la forma. En la medida en que la arquitectura antigua, la clasicista o las normas y reglas de Vitruvio se alejaban de ese principio fueron criticados o directamente no tomados en consideración. Y, sin embargo, neoclasicistas y racionalistas intercambiaban con frecuencia sus papeles, de tal forma que unas veces el clasicismo se vestía de racionalismo y al revés, sobre todo cuando de criticar la tradición barroca y rococó se trataba. En la aspiración común a la simplicidad, algunos teóricos y arquitectos buscaron no sólo en la arquitectura antigua, sino, fundamentalmente, en la Naturaleza, principios atendibles para la práctica de la arquitectura. Posiblemente el más conocido de ellos sea el propuesto por un jesuita francés, Marc-Antoine Laugier (1713-1769), en su "Essai sur l´architecture", publicado en París, en 1753, y que constituye el manifiesto de la nueva arquitectura. En el tratado, lleno de implicaciones para la teoría y la práctica arquitectónicas posteriores, y donde se pueden encontrar desde una defensa de la racionalidad constructiva del gótico a la consideración de la ciudad como un bosque en la que debe reinar la variedad como regla compositiva, la propuesta más importante era la de considerar la existencia de un modelo natural de la arquitectura que para Laugier no era otro que el de la cabaña primitiva, viejo mito vitruviano sobre el origen de la construcción y que ahora servía para juzgar, desde unos principios fundadores, la corrección o incorrección de un proyecto o de un edificio. La cabaña no sólo proponía un abc de la arquitectura,, que no era otro que el de la relación entre soporte, entablamento y frontón, sino que, además, establecía un principio emblemático para la arquitectura posterior: la defensa de la columna exenta que soporta un entablamento recto, lo que implicaba la crítica al uso tradicional de pilastras y arcos en los edificios. Estas consideraciones, por otra parte, contribuyeron a considerar la arquitectura arquitrabada griega como la más próxima a la Naturaleza, frente a la romana o la del Renacimiento y Barroco, pero también a tender un lazo de continuidad con la tradición nacional inaugurada por Claude Perrault en la Columnata del Louvre, con una galería de columnas pareadas que sostienen un entablamento recto.Las ideas de Laugier no eran enteramente originales, ya que muchas de sus propuestas habían sido anticipadas por un tratadista francés anterior como fue J. L. de Cordemoy en su "Nouveau traité de toute l'architecture" (1706 y 1714), especialmente las relativas a la exaltación de la columna exenta, entendida en términos de percepción visual y claridad estructural, lo que le llevaría también a elogiar la arquitectura gótica por su transparencia y carencia de muros. La columna acabaría convirtiéndose en emblema de la arquitectura del siglo XVIII, hasta el punto de que Blondel llegó a quejarse del uso obsesivo que de ella hacían los arquitectos jóvenes. El propio Laugier llegaría a proponer en su tratado un modelo de iglesia ideal que habría de disponer en su interior de columnas pareadas a la manera de las de Perrault en Louvre, mientras que Cordemoy había llegado a considerar la belleza y claridad litúrgica de la Basílica de San Pedro en el Vaticano si en vez de ordenar su espacio interior con pilastras y arcos lo hubiesen hecho sus arquitectos con la columnata arquitrabada de Bernini, dispuesta en el exterior.El modelo natural de la cabaña primitiva no fue compartido por todos los teóricos y arquitectos, ni tan siquiera por los racionalistas y funcionalistas. Winckelmann, Piranesi o Lodoli, buscaban el origen y modelo de la arquitectura no en la Naturaleza, sino en la Historia, en las arquitecturas primitivas, egipcias, etruscas o griegas. Pero la corrección moral de aquella edad de oro en la que apareció la cabaña originaria siguió ejerciendo una enorme fascinación durante todo el siglo, a pesar de que algunos teóricos y arquitectos llegaran a proponer una alternativa a la columna de madera señalando la existencia de otros modelos naturales como los bloques de piedras de las canteras o los de las culturas primitivas, lo que, por otra parte, permitía recuperar la pertinencia constructiva y compositiva de la pilastra, aparentemente expulsada del territorio conceptual de la arquitectura. Piénsese, además, que los jardines de la Ilustración, pintorescos o no, se poblaron de cabañas, menhires y dólmenes, como si se tratase de laboratorios de las nuevas teorías arquitectónicas: la Naturaleza y la Historia parecían encontrar un lugar sin conflictos en el espacio del jardín.Fue Carlo Lodoli el que posiblemente se opuso con mayor insistencia al origen natural de la arquitectura propuesto por Laugier. Para este franciscano, cuya influencia intelectual en la Venecia de los años centrales del siglo fue muy importante, es la racionalidad de la construcción y de la función la que debe dictar la forma, la apariencia, el lenguaje de la arquitectura. Antivitruviano y anticlasicista, raro coleccionista de pintura medieval y primitivos italianos, que llegó a ordenar por escuelas; aunque alguno de sus discípulos intentó disculpar esa dedicación por el hecho de que dispusiera de pocos recursos para adquirir otro tipo de pintura, fue llamado el Sócrates de la arquitectura. Habituado a la dieta pitagórica, siempre consideró la arquitectura en términos matemáticos, de estática y resistencia de materiales. Su doctrina la dictó siempre oralmente y fueron sus alumnos los que transcribieron sus ideas, aunque no siempre fielmente, como ocurrió con Francesco Algarotti y su "Saggio sull'Architettura", de 1759, escrito en realidad para responder al "Essai" de Laugier.Muchos de ellos, como pensaba Andrea Memmo, noble veneciano y su más atento divulgador con sus "Elementi di architettura lodoliana" (1786), atribuían a Laugier un plagio intelectual de las ideas de Lodoli, lo que no es enteramente cierto. De hecho, como ya he señalado, este último consideraba un procedimiento falso el principio de la imitación de la cabaña primitiva como modelo natural de la arquitectura, ya que las características materiales de la madera no pueden transcribirse a la piedra o al mármol, sino que cada material impone un tipo de ornamentación y de lenguaje diferente, de tal forma que sólo lo que esté en función estructural y constructiva en un edificio debe estar en representación, debe hacerse figurativo. Esto le llevaba a criticar buena parte del vocabulario clásico y a elogiar arquitecturas como la primitiva, etrusca o la egipcia, en las que coincidían, según Lodoli, función y representación, defendiendo además la simplicidad de los lenguajes como aspiración a una arquitectura funcional y racional.Frente al rigorismo e intransigencia de sus planteamientos, Algarotti llegó a insinuar que si los órdenes que imitan los modelos de madera, es decir, todos los conocidos, deben considerarse falsos, ya que función y representación no coinciden, resultaría que la mentira puede llegar a ser más bella que la verdad. En todo caso, las teorías de Lodoli y Laugier ponen a punto ideas sobre la Historia, la Naturaleza y la Razón que sólo circunstancialmente tienen algo que ver con el neoclasicismo de un Winckelmann, tanta era la distancia entre quienes entendían la Historia en términos de progreso y los que la veían como algo circular.