miércoles, 20 de febrero de 2008

IDEALISMO Y ROMANTICISMO

friedrich Wilhelm Joseph von SCHELLING


MARCO TEORICO E HISTORICO DEL
IDEALISMO
Y ROMANTICISMO.


Para comprender el nacimiento del movimiento idealista y romanticista que surgió en Alemania a finales del siglo XVIII para romper con la Ilustración, es necesario conocer la situación en que se encontraba Alemania en esa época.
El inicio de esta ruptura se dio con la filosofía de Kant y el nacionalismo cultural de Lessing. Y sobre todo este último, porque lo que pretende es realizar una Ilustración propiamente alemana que aleje totalmente a la francesa; sobre todo lo que quiere es renovar el teatro, un teatro alemán, que refleje los problemas de la época. Lo que Lessing quería era hacer que Alemania produjera algo mejor que sólo imitaciones, la idea es fundar una cultura alemana genuina. Para poder lograr esto Lessing lo dividió en tres ideas fundamentales: “la creación de un arte dramático no francés; la superación del deísmo francés y de su teología natural, y la revisión del mundo del clasicismo tal y como lo había establecido Winckelmann”.[1]
Al mismo tiempo se dio el fenómeno de nuevas aperturas de ámbitos culturales y artísticos contrarios a los que alababa la razón Ilustrada.
El origen de este rechazo aconteció porque se tomó conciencia de que la razón era insuficiente para explicar la realidad y para lograr la plenitud humana. En esta época se da un entusiasmo por los valores del espíritu; se intenta comprender el mundo desde la idea, la razón, el espíritu, los sentimientos, etc.
Lo que el idealismo afirma, (no lo que en general se piensa del idealismo, de que la totalidad del ser es puesta desde la conciencia individual), es que “la realidad sensible ha de comprenderse desde el espíritu, desde la inteligencia y no al revés”.[2]
Los pensadores de esta época intentan apresar con su razón la totalidad del ser, y así explicarse el mundo, el universo, lo absoluto, el hombre, etc., como el mismo Schelling afirma: “El juicio de la historia reconocerá un día que jamás se emprendió un combate mayor, en lo exterior y en lo interior, a favor de los más altos valores del espíritu humano que después de Kant.”[3]
Otro punto importante fue la Revolución Francesa, contemporánea a la época de Goethe, Schiller, Herder, Jacobi y aún el mismo Kant (los padres del idealismo y romanticismo que influyeron de manera decisiva en el pensamiento de Schelling). A todos ellos les emocionó la Revolución, compartiendo los mismos ideales. “Cuando Marx, medio siglo más tarde, diga de la filosofía alemana, que pensó la revolución que los franceses hicieron, está definiendo el Idealismo.”[4] La Revolución francesa les pareció a los idealistas como un movimiento único que afectaba a toda la humanidad. Esto es, porque lo que buscaba la Revolución fue lo que adoptaron los idealistas como el punto nodal de su movimiento: la libertad.
Éste y no otro es el quid del Idealismo, el intento de construir una doctrina filosófica, en la que la libertad sea – en frase de Schelling – la premisa más intrínseca y la clave de interpretación de todo el universo. Esta doctrina deberá ser sagrada, es decir, constituirá la religión de los nuevos tiempos y actuará como germen de una nueva cultura liberadora. En otras palabras, el Idealismo quiso ser la revolución convertida en cultura o, lo que es lo mismo, la última instancia ideológica justificadora de la nueva sociedad.[5]
En la filosofía de Kant tiene su origen lo que se conocerá como el movimiento Idealista. El pensamiento kantiano logra, en un único sistema, reunir el pensamiento más valioso de Europa hasta ese momento: Newton, Leibniz, Blumenbach, Rousseau, etc. Pero la base más importante que introduce Kant para el desarrollo posterior del Idealismo es el yo pienso. Éste es el principio de todo conocimiento, es el famoso giro copernicano realizado por Kant, es decir, que “las cosas no pueden ser objetos de nuestro conocimiento, más que en la medida en que se someten a ciertas condiciones a priori del conocimiento puestas por el sujeto”[6]. Esto es que las cosas no pueden ser conocidas si no es por medio de la sensibilidad y el entendimiento humano; el espíritu impone sus categorías para el conocimiento.
Pero, sin embargo, aparte de lo que impone el sujeto, para Kant también existe algo fuera de la conciencia que igualmente aporta elementos para su conocimiento: la cosa en sí o noúmeno. Aunque esta cosa en sí no podemos conocerla totalmente por lo mismo de que es un elemento exterior a la autoconciencia.
Para los idealistas el planteamiento kantiano de la cosa en sí les parece un sinsentido, esto es, al aceptar por un lado la cosa en sí, y por el otro el sujeto que conoce es como si admitiera dos principios absolutos: “La cosa en sí, el único obstáculo que impide al yo pienso convertirse en el principio absoluto, constituye la raíz de todas las aporías del kantismo. La cosa en sí es sólo un estorbo inútil y embarazoso”[7]. Entonces lo que realizan los idealistas es la supresión de la cosa en sí; ahora, lo que queda es el sujeto que encierra en sí mismo todo el conocimiento; el yo pienso se convierte en el principio absoluto.
Esta superación kantiana, específicamente, la logra Fichte. Él es el que da el rechazo de la cosa en sí, y propone un principio para la filosofía que no puede encontrarse en una cosa, sino en una acción, y por tanto, esta acción sólo puede pertenecerle al yo, una vez separado de la carga de la cosa en sí, un yo absoluto. (Schelling es el discípulo más importante de Fichte, desarrollando todo su pensamiento a partir de él).
Por otro lado, los primeros filósofos que hacen la crítica al pensamiento kantiano, y que son los iniciadores del movimiento conocido como Sturm und Drang (tempestad e ímpetu), sin mencionar a Goethe y a Schiller que no son críticos de Kant, son: Hamman, Herder, Jacobi, Reinhold, Maimon, Beck y Schulze. Este movimiento se caracteriza por ser el inicio de un intento de “síntesis orgánico-religiosa de proporción cósmica”.[8] “El sentimiento (sobre todo el amor), la pasión, el lenguaje originario que ella produce, la vida previa a la civilización refinada y al lujo, todo ello está en la base del Sturm”.[9]
El Sturm und Drang da origen al Romanticismo. En el primero se rechazaba el deísmo y el mecanicismo de la Ilustración, y se adoptaba una concepción orgánica de la divinidad y de la naturaleza. El romanticismo adopta esto, y además, es un movimiento literario y artístico con tendencias intelectuales, estéticas y religiosas que lo vinculan con la filosofía, siendo el antecedente directo del Idealismo. Al romanticismo no se le puede definir de manera estática, ya que es, sobre todo un proceso vital, un concepto evolutivo. “...el romántico estudia la vida así como el pintor, el músico y el mecánico, estudian el color, el sonido o la fuerza. El estudio cuidadoso de la vida hace al romántico.”[10] El romanticismo es cambiante, siempre está en constante evolución hacia la perfección. “El espíritu romántico, en cuanto tal, era verdaderamente una actitud frente a la vida y al universo más que una filosofía sistemática.”[11] Muchos autores consideraron que con el romanticismo se había llegado a la madurez de un proceso cultura iniciado en la Grecia clásica. “El idealismo de Schelling es considerado no sin razón como una filosofía romántica”.[12]
Como ya habíamos mencionado, el romanticismo, junto con el Sturm und Drang y el Idealismo, surgió como una reacción del movimiento ilustrado, es decir, “frente a la gran preocupación de la Ilustración por la comprensión crítica, analítica y científica, los románticos exaltaron el poder de la imaginación creadora y el papel del sentimiento y la intuición.”[13] Ahora, el artista ocupaba el lugar preponderante y ya no el filósofo. Lo que en realidad se buscaba en esta afirmación era el desarrollo libre y pleno de la personalidad humana, cobrando mucha importancia las experiencias vividas de manera individual. Por lo tanto en el romanticismo se buscaba comprender la profundidad del yo, de la subjetividad, conocer el mundo interior y su infinita riqueza, y por consiguiente, hubo una tendencia a rechazar cualquier clase de ley o norma moral que pareciera que pudiera truncar el desarrollo del yo. La idea era que cada individuo, de manera individual, lograra encontrar su propia ley moral.
Otro aspecto importante del romanticismo es su concepción de la naturaleza: la consideraban (al igual que Schelling), no como un sistema mecánico, sino como un todo organizado, viviente, en íntima relación con el espíritu del que también vive en el hombre. “...el concepto romántico de la naturaleza incluía una clara apreciación del desarrollo histórico y cultural y del significado de períodos culturales anteriores como momentos necesarios para el despliegue de las posibilidades del espíritu humano.”[14]
Pero, sobre todo, la máxima fundamental a la que aspiraba el romanticismo es el alcanzar lo infinito, la sed por lo infinito. “La idea de la vida infinita era el factor unificador de la visión romántica del mundo.”[15] Aunque se sabe que nunca van a poder alcanzar este infinito, la idea es intentar y luchar por alcanzarlo. Lo infinito es lo que le da sentido a lo finito.
El Romanticismo es una búsqueda de la unidad perdida –a partir de una pluralidad caleidoscópica de perspectivas provocada por la crisis de un modelo -, frente a un mundo, que llamamos clásico, porque se comprende a sí mismo de forma unitaria y desde una única perspectiva.[16]
Esta totalidad que se pretendía alcanzar se concebía de una manera fundamentalmente estética, esto es, para que el hombre pudiera sentirse realmente como individuo, y lograr llegar a esta unidad por medio de la intuición y la sensación. “El pensamiento conceptual tiende a fijar y perpetuar límites y fronteras definidas, mientras que el pensamiento romántico tiende a borrarlos y disolverlos en el flujo infinito de la vida.”[17]
Gracias a estos acontecimientos “Alemania se había convertido en la Patria del Espíritu”[18]. Produce hombres de la talla de Goethe, Schiller, Herder, Hölderlin, Novalis y los hermanos Schlegel en el campo literario. Kant y su Sapere Aude (Atrévete a pensar), y de él surgen los tres grandes idealistas: Fichte, Schelling y Hegel. En las salas de concierto se escuchaba la música de Haydn, Mozart y, sobre todo, Beethoven. “Alemania era en verdad el país de los filósofos, los poetas y los músicos”.[19]
De la misma manera nace el Romanticismo, y el Idealismo como “uno de los momentos más sugerentes, más libres, más ambiciosos de la historia de la cultura”.[20]


[1] Villacañas, J.L., La quiebra de la Razón Ilustrada: Idealismo y Romanticismo, Ed. Cincel, 1990, p. 35
[2] Colomer, Eusebi, op. cit. p. 12.
[3] Idem.
[4] Ibidem, p. 19
[5] Idem.
[6] Copleston, Frederick, Historia de la Filosofía, Tomo 6, Editorial Ariel, 1992, p. 218.
[7] Colomer, Eusebi, op. cit. p. 13.
[8] Gode – Von Aesch, Alexander, El Romanticismo Alemán y las ciencias naturales, Historia y filosofía de la Ciencia, Ed. Espasa-Calpe, Argentina, 1947, p. 20.
[9]Villacañas, J.L., op. cit., p. 13.
[10] Gode – Von Aesch, Alexander, op. cit., p. 22
[11] Copleston, Frederick, op. cit., Tomo 7, p. 24
[12] Colomer, Eusebi, op. cit. p. 24
[13] Copleston, Frederick, op. cit., p. 24
[14] Ibidem, p. 26
[15] Idem.
[16] Aizpún, Teresa, “EL genio romántico y la búsqueda de unidad”, en Romero de Solís, Diego y Díaz Urmeneta, Juan B. (Editores), La Memoria Romántica, Universidad de Sevilla, España, 1997, p. 19.
[17] Copleston, Frederick, op. cit., p. 27
[18] Colomer, Eusebi, op. cit., p. 11.
[19] Idem.
[20] Romero de Solís, Diego y Díaz Urmeneta, Juan B. (Editores), op. cit. p. 13.